Mil setecientos dos Euros

Creo que a la Universidad debe y tiene que ir toda aquella persona que quiera (más allá de que España sea el país con más universitarios de Europa; eso es otro tema).
Para ello se deben de dar todas las facilidades posibles. Un precio reducido y asequible a todo el mundo, las becas necesarias a aquellas personas que realmente las necesiten (lo que exige un exhaustivo control para evitar los fraudes), residencias o colegios mayores, y cualquier cosa que el futuro alumno necesite.
Además, el estudiante, ya que quiere estudiar (y no calentar la silla, aunque eso es mucho suponer), tiene que encontrarse con un entorno favorable: profesores competentes que sepan de lo que hablan, grupos reducidos, instalaciones adecuadas, prácticas (tanto en la facultad como fuera del aula) y un montón de cosas más.
Todo eso lo tiene que proporcionar el Estado. Nunca una institución privada. Deberíamos estar invirtiendo para tener médicos, abogados, arquitectos, informáticos… ¡hasta periodistas! Es un dinero que, de una forma u otra, acabará volviendo a las arcas públicas, y además, con intereses.
Sé que lo que digo es un poco utópico. Tendremos suerte (y digo tendremos porque nos afecta a todos) si no hay que recurrir a un crédito de una entidad bancaria para pagar unos estudios superiores.
La Comunidad de Madrid, donde vivo, parece que piensa eso: si no te puedes pagar la carrera, mala suerte. Siempre pensé que al ser Periodismo una carrera “barata” (donde apenas hay prácticas como en las carreras de ciencias) y “saneada” (puesto que entre todos los alumnos se cubre el coste), no sufriría de forma tan acusada la subida de tasas que preparaba el Gobierno Regional.
Pero estaba equivocado. Matricularse en Periodismo cuesta casi el doble que año pasado. En mi caso, mil setecientos dos Euros (reducidos a la mitad, por suerte).
Un aumento del precio que los estudiantes no vamos a ver reflejado en la Facultad. Los profesores van a ser los mismos, e incluso habrá menos porque se está dejando de contratar. Las aulas van a ser las mismas, puede que algo más frías en invierno. Habrá los mismos estudios de radio y televisión, que no dan abasto con las prácticas. Y un montón de cosas más.
Por no hablar de las becas. Otro tema caliente que, combinado con el aumento de las tasas universitarias, afecta a mucha gente. ¿Cuántos no podrán ir a clase este curso? No sólo eso, sino que gracias al denominado “plan Bolonia” y el control de la asistencia, trabajar para estudiar será algo imposible.
¿Estudiará sólo el que pueda y no todo el que quiera? ¿Se darán cuenta los políticos del error, de que habría sido mejor reducir sus sueldos que reducir el número de estudiantes? Sólo el tiempo lo dirá.
Imagen | Campus Moncloa

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