Un Nobel para Europa

Si de algo aprendí el curso pasado en la Universidad fue sobre la Unión Europea. Aprendí acerca de su historia, de sus instituciones, de su funcionamiento, de los derechos que tengo como ciudadano europeo (¡también tenemos derechos y no sabemos cuales son!)… Y pude conocer muy de cerca los aspectos en los que me afecta, para bien y para mal.
Por eso reconozco que, aunque el momento no es el más indicado, el premio es bien merecido. Los europeos siempre hemos estado enzarzados en disputas. Cuando no eran los españoles, eran los franceses, o los ingleses, o los alemanes (sólo por citar algunas nacionalidades). Todos peleando entre nosotros.
La Unión Europea ha conseguido algo que parecía imposible: una paz aparentemente duradera, que de momento está durando más de 60 años (excluyendo la guerra en los Balcanes, aunque eso es otra historia), en un continente que históricamente siempre ha estado guerreando.
¿Qué organización o persona(s) en todo el mundo ha conseguido eso? Me atrevería a decir que nadie.
La creación de la Unión Europea es un modelo de integración, que partió de la base de una Europa destrozada por dos guerras mundiales en apenas 40 años. Y en la que dos potencias siempre enfrentadas, Francia y Alemania, fueron capaces de dejar sus diferencias de lado para construir un proyecto común de progreso sobre una base económica. Por eso ha ganado el premio.
¿Cuál es el problema? El proceso de integración europea ha sido, es, y seguramente será una historia llena de crisis, golpes sobre la mesa y huidas hacia delante, caracterizado por el miedo de los gobiernos a perder su poder. Por supuesto, no todo han sido cosas malas, también ha tenido muchos momentos de genialidad.
A grandes rasgos, hemos conseguido ser una gran familia en la que cada uno sólo mira por sus intereses, en lugar de hacer frente común, que sería lo lógico. Eso explica la falta de democracia que “gobierna” la Unión Europea y su actuación en asuntos como la Guerra de los Balcanes y más recientemente, el bloqueo militar en Libia o la falta de él en Siria.
Y exactamente igual pasa con la crisis económica. El miedo a perder soberanía, pero sobre todo, el hecho de que no se escuche a los ciudadanos europeos frente al poder de los mercados, que son los que deberían decidir el camino, está haciendo que nos hundamos más en la crisis. Alemania incluida.
A pesar de estos problemas, estoy convencido de que la Unión Europea seguirá representando los ideales por los que se la premia. ¿Por qué? Porque el proceso que Robert Schuman inició el 9 de mayo de 1950, aunque haya podido cambiar mucho, es exactamente el mismo en su raíz. Seguro que si Schuman pudiera ver hasta donde hemos llegado, no se lo creería.
Pero hay que seguir trabajando para mantener el objetivo. Y eso nos incluye a todos, ya sean políticos o ciudadanos, de Madrid o de Berlín.

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