Experimentando con la bicicleta por Madrid


Por fin "tengo" una bicicleta en casa.  Tras años esperando la implantación de un sistema público de alquiler de bicicletas en Madrid, en junio de 2014 entraba en funcionamiento BiciMad, el sistema público de alquiler de bicicletas de Madrid. Lo pongo entrecomillado porque sé que no es mía (bueno, en cierto modo sí), pero es lo más parecido a una bicicleta que he tenido, y seguramente tendré en los próximos años. El espacio en mi hogar es un bien casi tan preciado como el agua y simplemente, no hay lugar para aparcar una bicicleta, ni siquiera plegada. Tampoco me gustaría dejarla en la calle, donde es muy fácil que al levantarme una mañana ya no esté.

Afortunadamente, mi casa está situada justo en el límite de la zona cubierta por BiciMad, así que al fin he podido saber qué era eso de montar en bicicleta por Madrid. A pesar de lo que decían algunos, que pensaban que una bicicleta sería un trasto más al cabo de unos días, he incorporado la bici a mis modos de transporte público. El resultado me ha sorprendido gratamente: la bicicleta en Madrid no es tan peligrosa ni tan difícil de usar como se cree popularmente. 

Iba preparado para conductores que pensaban increparme, que no respetaban mi espacio, e incluso alguno que ignoraba mi presencia. Pero realmente es mucho más fácil que todo eso. Incluso los taxistas respetan que vaya por el centro del carril, ocupando todo mi espacio. Aunque no puedo negar que hay conductores que llevan peor que mis piernas y el motor eléctrico no tengan la potencia suficiente en algunos tramos, llegándome a adelantar por el carril bus. 

Diría que la circulación se puede hacer peligrosa por el estado de las calles, con alcantarillas, tapas de registro y baches donde es muy fácil meter la rueda y saltar, además de por la propia normativa de circulación, que no permite (aún) el circular por calles de sentido único a contramarcha o usar el carril bus en las pendientes, entre otras cosas. Así, muchas veces uno casi que se ve obligado a incumplir estas normas con tal de no verse en el suelo, comerse los gases de un autobús o dar un rodeo enorme, especialmente en el centro de la ciudad.

Por mi parte y en la medida de lo posible, cumplo las normas de circulación: no hago pirulas, no me subo a la acera y no me salto los semáforos en rojo. De momento, porque es verdad que en el tiempo que llevo usando la bicicleta he sentido la tentación de hacer algunas cosas, como ir por la acera, porque lo hace todo el mundo. Y nadie dice nada. Supongo que esto cambiará con el tiempo, cuando las leyes se relajen para poner la vida un poco más fácil al ciclista y, por otro lado, la policía multe a aquellos que quieran hacer su propio código de circulación.

El otro día discutía la necesidad del uso del casco por ciudad, y después de estos días creo que si llevarlo en carretera es más que obligatorio, por la peligrosidad, en ciudad no. Es verdad que te pueden dar un golpe, pero la velocidad a la que se circula, tanto coches como bicicletas, es mucho más reducida en ciudad. La velocidad media de circulación en Madrid es de 24 km/h y en el centro de la capital se ve reducida a 11 km/h. Considero, y espero no equivocarme algún día, que cumpliendo las normativas y con un poco de cuidado (las manos en los frenos), es difícil tener un accidente. No obstante, intentaré hacerme con uno, por si las dudas.


Sobre el sistema de alquiler de BiciMad, creo que aún hay que pulirlo un poco. La conservación de la las bicicletas y las bases de alquiler no es la mejor, y el motor eléctrico a veces más problemas que ayudas al ciclista. La velocidad máxima está entre 18km/h y 24km/h, dependiendo de las bicicletas que elijas en la base, siendo mucho mejores estas últimas. El precio por uso es algo elevado, pero aún así más competitivo que el de el resto de transportes públicos de Madrid. Pero tiene una gran desventaja: su radio de acción, puesto que la mayoría de bases sólo se encuentran en el primer cinturón (salvo el barrio de Salamanca, Retiro, Moncloa y una pequeña zona al sur de Atocha), dejando fuera a mucha población del centro de la ciudad. Si bien es cierto que se va a ampliar, no se están dando la prisa necesaria al éxito que está teniendo BiciMad entre los madrileños.

Personalmente, me está encantando la experiencia y la usaría mucho más si llegara a más barrios. Pedalear es una forma de olvidarse del mundo y cambiar un poco el humor. También de hacer algo de deporte, si te atreves a desconectar el motor eléctrico. Además, con el sol que suele hacer en el Madrid invernal, seguro que es más fácil usarla que otras ciudades europeas con peor tiempo y más ciclistas urbanos. Mi intención es seguir moviéndome por Madrid, siempre que pueda, en bici; ya os contaré más adelante cómo me va. 

Comentarios

También te puede interesar

Arcos de Valdevez: donde se hizo Portugal

La leyenda de las postales sin sello

Lusitania expreso