Pongamos que hablo de Madrid



Esta canción es una historia de amor y de odio a una ciudad invivible, pero insustituible. – Joaquín Sabina

El mes pasado fue publicado en El País un reportaje titulado “La decadencia de Madrid“. En él se habla de la caída de una ciudad, de nuestra ciudad, que a finales de los años 70 y principios de los 80 era todo un referente para propios y extraños: Madrid era una ciudad que se abría al mundo después de los años de la dictadura. Sin embargo, ahora está en claro descenso hacia los infiernos, fruto de la incompetencia política y, porqué no decirlo, la poca involucración de los ciudadanos en la vida de la ciudad.

Mientras leía me venía a la mente esta canción de Joaquin Sabina, “Pongamos que hablo de Madrid”. Sabina describe la ciudad, precisamente en esos años de apertura y de referencia mundial: drogas, suciedad, pobreza, falta de humanidad… Todo esto lo dice una de las personas que, posiblemente, más conozca y, en mi opinión, ama Madrid. Y que finalmente, pide que, al morir, le lleven al Sur donde nació. 

¿Vamos hacia eso otra vez? Algunas partes de la ciudad están camino del abandono, especialmente el centro: la calle Atocha, que tenía tiendas de todo tipo, ha perdido gran parte de la actividad que tenía. La pobreza es otra vez palpable, aunque quizá ésta nunca llegara a desaparecer. Además, Madrid se está convirtiendo en una ciudad demasiado cara, para propios y para extraños.

La suciedad invade las calles, aunque nuestra alcaldesa diga lo contrario… La huelga de limpieza está siendo un ejemplo de cómo no gestionar una crisis oficial, que ya sale de nuestras fronteras: Madrid empieza a ser conocida como la capital de la basura en Alemania (en castellano, aquí), “una ciudad llena de basura” en Francia o como un “desastre oloroso” en Reino Unido. También es un ejemplo de cómo se puede obviar a los ciudadanos y recortar hasta las cosas más básicas, como la limpieza y la gestión de residuos. Todo se reduce, como ya he dicho, a la incompetencia de unos los gestores públicos, a los que, recordemos, no elegimos los madrileños.

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A relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor

Pero Madrid sigue siendo Madrid. Es casi un sentimiento, más que una ciudad. Creo que tenemos un encanto que tienen pocos lugares más en el mundo. Creo que los madrileños tenemos una personalidad que en pocos sitios más se encuentra. Cuando nos tocan las narices, por lo general, vamos a plantar cara.

Así que salgamos, hagamos la ciudad nuestra, no de los que nos gobiernan. Llenemos las plazas y las calles de vida: música, teatro, performances… Démosle todo lo que creamos necesario. Podemos ser lo que queramos.

No hacen falta unos juegos olímpicos ni mucho dinero, para transformar la ciudad. Lisboa, atacada por la crisis, ha sabido poner en valor todos sus puntos fuertes, siendo reconocida por las grandes publicaciones de viajes como uno de los principales destinos a visitar en 2013. ¿Cómo? Quizá porque ha dado el poder de las plazas a grupos de ciudadanos, que se organizan para realizar eventos de todo tipo a un coste casi mínimo. No os imagináis la cantidad de cosas que se pueden hacer aquí con poco dinero, al contrario que en Madrid. Quizá porque hay más vida en el espacio público, algo que casi está condenado a la extinción en la capital de España.

“Pongamos que hablo de Madrid” fue versionada en el año 2000 por el grupo Porretas, que cambió ligeramente la letra. Al final de la canción, ya no pedían como Sabina que le “llevaran al Sur donde nací”. Lo cambiaron por: “aquí he vivido, aquí quiero quedarme”. Madrid había cambiado lo suficiente como para permanecer en ella para siempre.

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