Cómo regresé al otro lado de la frontera


Muchos me preguntáis cómo hago para tener un pelo tan brillante y sedoso. Me gustaría decíroslo, pero he jurado contar nada; ese secreto se lo llevará a la tumba mi estilista. Lo que sí puedo contar es qué estoy haciendo otra vez en Portugal, país al que he vuelto recientemente, como supongo muchos habréis adivinado, si no leído, por mis últimas entradas en el blog. 

Cuando se acabó mi estancia Erasmus y me fui de Lisboa, hace ya quince meses, lo hice con pena en el corazón. La ciudad me había enamorado, y también el país, todo hay que decirlo. Intenté quedarme a trabajar durante el verano, pero no fue posible. Acabé decidiendo que lo mejor era ir a casa y buscar desde allí. Por aquel entonces no pensaba volver tan pronto, sólo sabía que acabaría regresando algún día. 

Sumido en la búsqueda de alguna ocupación, Forocoches, ese ente de inteligencia colectiva que quiso llevar a John Cobra a Eurovisión, me dio a conocer lo que sería el siguiente paso en mi vida. Por cierto, antes de que empecéis a pedirlas, NO TENGO INVITACIONES; el que quiera, que vaya a llorarle a Ilitri. Allí, calificado con cinco estrellas y en pleno foro General, estaba el tema dedicado al Servicio Voluntario Europeo o SVE para los amigos (y para abreviar). Y allí sigue, por si queréis echarle un vistazo.

Investigando un poco al margen me enteré de lo que es el SVE. Sin entrar en muchos tecnicismos, es un proyecto de la Unión Europea que tiene el objetivo de, sobre la base de la educación no formal, permitir a los jóvenes adquirir y perfeccionar nuevos conocimientos para su desarrollo personal y profesional a través de un programa de voluntariado. Puede parecer otro Erasmus, y teóricamente lo es. De hecho, desde el año pasado el SVE es una pieza más de los programas Erasmus, que fueron creados para ligar facilitar la cooperación, el intercambio cultural y la formación de una identidad común entre los europeos. 


Pero en realidad el SVE va más allá. A diferencia del Erasmus universitario, el SVE está pensado para que cualquier joven de entre 18 y 30 años pueda participar y disfrutar de una experiencia internacional en otro país europeo. Es decir, en teoría, para ser voluntario europeo no se necesita ninguna formación o conocimiento previo, ni siquiera idiomas. Aunque lo que sí se exige es un mínimo interés por el tema sobre el que trate el voluntariado que quieras hacer. O lo que es lo mismo: si no te gustan los niños, no vayas a un proyecto en una guardería. 

Lo mejor de todo era que la Comisión Europea te pagaba todo: viaje, seguro, transporte, casa y comida, además de ingresarte un dinerillo “para ir tirando” todos los meses. Yo, que después de acabar el Erasmus y mi carrera estaba sin un duro y convencido que tenía aprovechar para seguir viajando y viviendo en extranjero, vi la oportunidad de seguir el camino que me atraía. Así que no lo pensé dos veces y empecé a enviar currículums y cartas de motivación. 

En otro artículo, "Cómo conseguí participar en el Servicio Voluntario Europeo", cuento con más detalle los ocho meses que estuve buscando mi proyecto ideal, escribiendo emails y haciendo entrevistas. 

Finalmente, una tarde de finales de abril, sonó la flauta. Era un proyecto portugués, uno de tantos a los que había escrito a lo largo y ancho de Europa. No voy a negar que me hubiera gustado vivir otro país, pero también quería volver a Portugal. Que un país al que no esperas te llame una vez puede ser casualidad; dos veces ya es una coincidencia. 

Creo que no hace falta decir cuál fue mi respuesta. Cinco meses después, estaba de vuelta en uno de los lugares más bonitos de Portugal. Feliz y contento por estar en un lugar que quiero y en el que me siento como en casa. 

Imágenes |
  1. Be International CZ
  2. What is EVS for you? (Youtube)

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