Arcos de Valdevez: donde se hizo Portugal


Donde se hizo Portugal (“onde Portugal se fez”) fue en Arcos de Valdevez. Ahí es donde vivo yo ahora, una vez que he vuelto a este lado de la frontera. Se hace difícil imaginar que, en el lugar en el que hoy hay una alameda, con cafeterías, aparcamientos y equipamientos deportivos, hace casi 900 años tuviera lugar un enfrentamiento que determinaría los destinos futuros (y sus fronteras) de los territorios de la Península Ibérica.

Pongámonos en situación. Estoy en la villa de Arcos de Valdevez, situada en el distrito de Viana do Castelo, al Norte de Portugal y muy cerca de la frontera española. Actualmente, el municipio de Arcos tiene casi 23.000 habitantes (22.847 exactamente) repartidos en más 36 freguesías o parroquias, la mayoría de ellas situadas a bastante distancia del núcleo urbano.

La etimología de este lugar es sencilla: el río Vez riega y da nombre al pequeño valle (aquí lo llaman vale) por el que circula, y los arcos son los del puente que lo cruzaba. Digo cruzaba porque ahora hay otros, pero ese no está. El río Vez atraviesa el término de parte a parte, naciendo y muriendo (en las aguas del río Lima) dentro de los límites del municipio.

En uno de los parajes atravesados por el río es donde sucede toda la historia. El que sería rey de Portugal, Dom Afonso Henríquez, se había crecido mucho después de vencer a los musulmanes en la Batalla de Ourique, sucedida en las ondulaciones del Alentejo durante algún momento del año 1139.

Así que, una buena mañana, Henríquez cogió su caballo y decidió romper la paz que se había firmado en Tui dos años atrás, atacando Galicia para reclamar lo que creía suyo. Algo que, por cierto, algunos siguen reclamando hoy en día.

Como era de esperar, el rey castellano, que en aquel momento era Alfonso VII, no se tomó muy bien la afrenta. Por eso, a principio de 1140, respondió invadiendo territorio luso. Las tropas castellanas accedieron a través de las tierras de Vez, que casualmente es la vía natural de acceso desde y hacia Galicia.

Esta posición estratégica le valió a lo que hoy es Arcos para tener un gran desarrollo militar y social ya en esos días. Así, los hombres de Alfonso VII encontraron que había bastantes cosas que arrasar y saquear a su paso, hasta que se toparon con el ejército portugués en alguna de las orillas del río.


Lo que podía haber acabado muy mal se solucionó de una forma bastante “civilizada” para la época. Ambos bandos seleccionaron a sus mejores caballeros y resolvieron sus problemas mediante un torneo de justa, en un paraje que se conoce como “la vega de la matanza” (“a veiga da matanza”). Finalmente, el torneo fue ganado por las caballeros portugueses, lo que según las reglas de la caballería en esa época daba la victoria en la batalla a los lusitanos.

Este torneo habría sido no sería tan importante de no ser un pequeño detalle. Las victorias aquí y en Ourique le valieron a Dom Afonso Henríquez para que, ayudándose de la Iglesia, empezara a ser considerado rey, una vez que el Papa acepta su vasallaje (y su dinero).

Será en 1143, con la firma del Tratado de Zamora, cuando Portugal es reconocido por el rey castellano como un Estado, y cuando Henríquez puede ser llamado rey con todas las de la ley. Curiosamente, Alfonso VII de Castilla reconoció a Henríquez como rey porque su ambición era ser proclamado emperador. Y es que para ser emperador, necesitas reyes vasallos. 

Así comienza la historia de Portugal, uno de los Estados más antiguos del continente europeo. Además, de conseguir la independencia, el Torneo puso a Arcos en el mapa (más si cabe) y, al cabo de muchos años, lo recordaron instalando dos estatuas en una fuente, que representan a dos caballeros a lomos de sendos corceles sin patas, como podéis ver en la fotografía. Porque somos así de modernos y transgresores estaban luchando dentro del agua, así que no se les veían las patas.

Imágenes |
  1. Daniel Villafruela, de un mural de azulejos de Jorge Colaço en la estación de São Bento en Oporto (Wikipedia)
  2. Galicia en Fotos

Comentarios

También te puede interesar

La leyenda de las postales sin sello

Lusitania expreso