Ilusión


Ojala pudiéramos tener siempre la misma ilusión que cuando somos niños. Quizá sería todo mejor. Haríamos las cosas porque nos apasionan, y nunca, nunca perderíamos esa pasión por alcanzar nuestros objetivos. No habría dudas infundadas en nuestros sueños; no perderíamos las ganas de hacer las cosas, atacados por el hastío y la alienación. Trabajaríamos de forma más eficiente, sabiendo que estamos haciendo algo que nos gusta y en lo que creemos. Seríamos más felices, viviendo en nuestra burbuja que no deja que nos contaminemos con la cruda realidad.

La ilusión es una inocencia que perdemos cuando comprendemos cómo se mueve el Mundo. La realidad nos oxida, nos lleva por caminos misteriosos que nunca habríamos pensado pisar. No necesariamente tienen que ser peores y, aunque aprendamos muchas cosas de ellos, creo que nos alejan de ese objetivo ideal que en algún momento tuvimos. Cuando nos es revelada la verdad, somos nuestros peores enemigos, y nos hacemos preguntas que minan la moral, en un intento por repensar nuestra decisión original y encajarla en el contexto de lo que está pasando.

Hace unos meses, volví a mi colegio para charlar sobre la vida y me vi con seis años menos, cuando aún tenía toda la ilusión del mundo. Allí estaba un alter-ego más joven, que todavía hablaba con las ideas claras y sin ningún tipo de complejos grabados por profesores, profesionales, compañeros, y sobre todo por uno mismo. Entonces le dije a mi yo con menos años: “cuánto te queda por aprender, chaval”. Irónicamente, lo decía al mismo tiempo que pensaba que habría pagado todo el dinero del mundo por volver a primero de carrera y hacer las cosas de otra manera.

Hace unos meses hablaba con mis profesores del instituto, los que me vieron salir ilusionado y después me veían regresar para contar a la gente que partiría a final de curso lo que me pasó entre medias. Decían que yo era la experiencia. Esa es la palabra maldita. La experiencia de cinco años de asignaturas, de prácticas y de conocer cómo está el mundo, es lo que ha reducido la ilusión que destilaba ese día de septiembre cuando entraba en el aula de la facultad.

Lo peor de todo este asunto es que no ha hecho nada más que comenzar. Lo bueno es que siempre ocurre algo que te hace recuperar las ganas de llegar a ese lugar ideal que pensabas. Aunque tampoco tiene que ser la misma pasión que tenías de niño; como decían mis profesores, será una huida hacia adelante. Pero estarás tan ilusionado como entonces. O más. Y ahí estoy yo. 

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  1.  Mundo Creativo

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