La francesinha o el culmen de los bocadillos


He cruzado la península ibérica de arriba a abajo y de lado a lado durante todos estos años. En avión, en tren y sobre todo, en autobús o en mi propio coche. Eso me ha llevado a parar muchas veces en muchos bares de carretera, restaurantes "caseros" y ferias de pueblo para reponer fuerzas antes de seguir mi camino. He catado muchos platos combinados, muchas hamburguesas y muchos pinchos de tortilla. Pero en todos mis viajes nunca he encontrado un bocadillo que pueda superar a la francesinha portuguesa.

Hay siete maravillas culinarias de las que los portugueses presumen: la alheira de Mirandela, el queso da Serra da Estrela, el caldo verde, el arroz de marisco, la sardina asada, el cerdo a la alentejana y el pastel de Belém. Todos ellos son platos que cualquiera que guste del buen comer, y pase por tierras lusas, debe probar. A esas delicatessen imprescindibles y estupendas, yo añadiría la francesinha como la octava maravilla culinaria de Portugal.

Este plato es tradicional de la ciudad de Oporto, aunque ahora se puede encontrar por toda la mitad Norte del país, y también en algunos bares allende del Tajo. La verdad es que no sabría decir qué es lo que hace que se me ague la boca cuando veo una. Quizá sea el queso que cubre el bocadillo, como si de una lasaña se tratase. O la salsa que baña todo, elaborada a partir de cerveza, tomate y tabasco, que se encarga de ablandar el pan tostado que soporta todos los ingredientes. O la gran cantidad de patatas fritas que lo acompañan y que se bañan en esa salsa tan particular.


El origen de este bocadillo se remonta a la presencia de las tropas de Napoleón en la península ibérica, y más especialmente en este lado de la frontera. Dice la leyenda que a los soldados franceses les encantaba llenar ese espacio que queda entre dos rebanadas de pan de molde con todo tipo de carnes y quesos. Pero la creación del sandwich propiamente dicha es mucho más reciente: fue durante los años 60 del siglo pasado cuando un emigrante portugués retornado de Francia tuvo la idea, influenciado por el tentempié francés Croque-Monsieur (también conocido en España por su nombre menos pijo: mixto-plancha) y le añadió algo que ahora es imprescinble.

Porque lo que diferencia a la francesinha de un sandwich cualquiera es la salsa. El interior del bocadillo es bien conocido: salchicha, longaniza, chorizo, jamón cocido y cinta de lomo de cerdo o filete de ternera. Pero la salsa es como la Coca-Cola: todo el mundo sabe cuales son sus ingredientes (como he dicho antes: tomate, cerveza y tabasco), pero el secreto lo conocen muy pocas personas. Así, te puedes encontrar en el supermercado preparados para salsa, e incluso francesinhas pre-cocinadas, que no tienen nada que ver con el maravilloso plato que te sirven en los bares de Oporto y Braga.

Por eso, como la original no hay ninguna. Esa es la que aparece en muchas prestigiosas revistas y guías turísticas como uno de los 10 bocadillos o sandwiches que tenemos que probar en nuestros viajes. Porque desde el primer bocadillo se han creado nuevas versiones: vegetarianas, con pescado (bacalao o atún), con un huevo "a caballo" sobre el pan, con pollo, con setas... e incluso una que se parece más a un perrito caliente que a un sandwich propiamente dicho.

No es recomendable comer francesinha todos los dias porque puede ser perjudicial para vuestro corazón; aunque sea más sana que la comida basura, el colesterol sigue ahí. Pero si alguna vez quiero darme un homenaje, busco algún sitio que tenga francesinha en el menú, algo que abunda por esta zona del pais tan cercana a Oporto. Para acompañarlo, nada mejor que un fino (uña caña o tubo para los castellanos) de Super Bock, la cerveza portuense. El día que vengáis por éstas tierras, ya sea por trabajo, por placer o por hacer una visita al amigo que escribe estas líneas, no os olvidéis de probarla.

Imágenes:
  1. Salivando-Borja Eugui. Por cierto, el artículo desde el que enlazo la imagen recomienda dos buenos sitios en Oporto para probarla.
  2. Forocoches.

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