Memorias del Bairro Alto

Entre las estrechas y empinadas calles corría el tiempo por la noche. Al final del Elevador de Glória, al lado del Miradouro de São Pedro, en el Bairro Alto de Lisboa. Era nuestro punto de encuentro, aunque seguramente ya nos habríamos juntado antes para cenar. Sobre la medianoche, un poco antes, o a veces después; viernes, sábados y entre semana, si se terciaba. Allí solíamos vernos todos. Unos íbamos más que otros, pero todos pasamos alguna noche en ese mítico lugar.

¿Qué hacíamos? A parte de beber alguna que otra cerveza, copa de vinho verde o sidra de manzana, que se convertían en mojitos o caipinhas en las fiestas de guardar, hablábamos de cualquier cosa, urdíamos algún plan, conocíamos a gente y nos conocíamos entre nosotros. Daba igual el idioma, aunque la lengua franca, por supuesto, era el inglés. Todo el mundo se hacía entender, con más o menos gracia. De las noches en Bairro Alto ha salido gente hablando inglés casi de corrido, cuando antes de pisar la ciudad apenas podía enlazar un par de palabras. Esto es sólo un ejemplo de las muchas cosas buenas que han salido de allí.

He de confesar que nunca me gustó ir al Bairro Alto de día. Era raro ver todo eso vacío, limpio, prácticamente en silencio y con apenas gente por la calle. Pero llegaba la noche y aquellas calles se transformaban. Incluso durante los laborables, algunos con algo de tiempo libre le dábamos algo de vida, para disgusto, supongo, de algunos vecinos. Eso si, los fines de semana el camión de la basura apenas podía pasar entre la multitud que llenaba las esquinas de Erasmus Córner. Más de alguno se subió se subió en ese camión sin pensarlo demasiado, y más de un taxista al borde de un ataque de nervios se llevó algún que otro cubata, despistado en el capó de su coche, mientras recogía a los turistas.

En verano, cuando el calor apretaba, lo mejor era llevarse la cerveza al mirador de San Pedro de Alcántara. También estaba lleno de gente, pero allí corría un poco más el aire que por las estrechas callejuelas de Barrio Alto. Además, estaba el encanto del mirador: Lisboa se quedaba a nuestros pies. Abajo, la avenida de la Libertad, la Castellana lisboeta, y la plaza de Restauradores; al frente, el barrio de Graça y el Castillo de São Jorge. A la derecha, el Tajo. Mientras, sobre nosotros, pasaban los aviones en aproximación al aeropuerto.

Si no nos pasábamos por el mirador, nos aplastábamos contra las paredes firmadas del Cubano, del Caricaturas, del Apolo, del MEU o de casi todos los bares del Bairro, en búsqueda de la bebida para calentar el ambiente y, todo hay que decirlo, de cumplir el desafío de no tirarla al volver a la calle. La fiesta siempre está en la calle y los garitos son tan pequeños que, a no ser que hiciera mal tiempo, fuera entre semana o llegara la hora del cierre, no merecía la pena estar dentro. 

Lo del cierre lo digo porque en Bairro Alto se acaba la fiesta a las tres. La fiesta se bajaba entonces al río, a la rúa cor-de-rosa (no es que se llamará así, es que estaba pintada de ese color por una famosa marca de bebidas alcohólicas de cuyo nombre no puedo acordarme), que cerraba un poco más tarde, y que pillaba de camino para coger el autobús nocturno a casa. Creo que hoy ya no podríamos hacer esto: ahora todos los sitios de Lisboa, menos las discotecas y similares, sólo pueden estar abiertos hasta las 3, independientemente de su ubicación. Bueno, lo que nosotros llamábamos "el bar de la cárcel" por los personajes que encontrábamos allí (en realidad era el bar del Mercado de la Ribera), siempre estaba abierto para recenar o desayunar algo de bollería o una bifana, regados con un café o con la última cerveza. 

A veces cambiábamos de sitio para salir, por eso de hacer cosas diferentes. La noche lisboeta tiene locales para todos los gustos, y además, en su mayoría muy buenos. Cada sitio, cada zona de copas, tenía su encanto, pero supongo que, por ser el primero, Bairro Alto es el que se quedará más marcado en mi memoria. Y en la de Facebook, que cada cierto tiempo me recuerda que hubo un momento que toda la vida pasaba por ahí.

@timokl via Instagram

Comentarios

  1. Me regresaste a esos momentos por un minuto.
    Muchas gracias, Jorge!!

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