El Magusto: celebrando la castaña

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¿Qué se te viene a la cabeza cuando piensas en el Otoño? Posiblemente lo asocies con el frío, el cambio de hora y el cambio de armarios, las hojas en el suelo, la lluvia, un buen plato de lentejas y... ¡las castañas! Este aperitivo tan típico de esta época del año, que apetece tanto como el chocolate caliente cuando las temperaturas empiezan a bajar, tiene dedicada una tradición a ambos lados de la frontera hispano-lusa (y parte del extranjero): el Magusto o Magosto.

La castaña solía tener mucha importancia en la dieta de las zonas rurales hasta prácticamente hace cuatro días. Valía para hacer sopa, podían comerse tanto frescas como secas, y servían para hacer harina. Pero los castellanos “descubrimos” América y trajimos de allí, además de oro y plata, alimentos como la patata y el maíz. La generalización de las cosechas de estos alimentos a principios del siglo XVIII desbancaron a la castaña en la alimentación, que pasó a un segundo plano. 

El Magusto se realizaba (y se realiza ahora) coincidiendo con la recogida de la castaña, que más o menos caen al suelo durante las últimas semanas de octubre y las primeras de noviembre. La celebración daba gracias por la cosecha, más o menos abundante, que junto con la carne obtenida en la matanza, permitiría pasar el invierno a los habitantes del campo.

Además del fruto del castaño, hay otro protagonista en la celebración: el fuego. De hecho, se cree que el nombre de Magusto proviene de dos vocablos latinos: 'magnus ustus' o gran fuego y 'magum ustum' o fuego mágico. Así, la fiesta se realiza en torno a una hoguera que caliente los corazones, en cuyas brasas se asan las castañas y algo de carne o embutido, todo ello regado con un buen vino nuevo y con jeropiga, una especie de licor. 

Como en otras celebraciones donde el fuego también está muy presente, como puede ser la noche de San Juan, es costumbre saltar la hoguera para tener buena suerte, y también tiznarse la cara con la ceniza. Además, también se baila, se cuentan historias y se canta, como podéis ver en este pequeño vídeo, donde una banda visita una de las barracas del Magusto de Arcos de Valdevez. (Siento la calidad del vídeo; estoy abierto a donaciones de teléfonos móviles con cámaras decentes.)


Me centraré en la parte portuguesa de la tradición, que es la que más me interesa, aunque las formas varían en cada pueblo. La celebración del Magusto está estrechamente relacionada con otros dos acontecimientos. Por un lado, la tradición celta del 'Samhain' o el final del verano, que a su vez dio lugar a la fiesta de Halloween (la original, no la de ahora), y ésta a su vez a la festividad cristiana de Todos los Santos. Por eso en muchos lugares el Magusto está solapado con esta fecha, teniendo lugar el primero y el segundo día de noviembre. Curiosamente, es típico que los niños vayan pidiendo castañas y duces por las casas para celebrar una merienda todos juntos. 

Una opinión parecida tenía el etnógrafo y filósofo portugués Leite de Vasconcelos, quien describía el Magusto como una celebración que venía a sustituir a los sacrificios que honraban a los muertos. Él mismo refería la tradición de preparar, durante esta noche de Todos los Santos, un plato de castañas a media noche para aquellos que ya no estaban entre los vivos, que no se debían tocar porque estaban “babeadas” por los difuntos. 

Por otro lado, esta fiesta también puede realizarse para conmemorar la onomástica de San Martín. Dice la leyenda que San Martín, que en aquel momento sólo era un soldado romano, paseaba a caballo una lluviosa tarde otoñal cuando se encontró a un mendigo desnudo. Éste le pidió ayuda, y como el futuro santo no tenía nada para darle, cortó su capa por la mitad, dejando de llover en ese mismo momento. La llegada del día de este santo puede ir emparejada con un periodo de buen tiempo atmosférico, que se conoce, si sucede, como “Verano de San Martín”, y que se aprovecha para realizar la fiesta. Por supuesto, si no deja de llover nadie dice nada. 

Pero sobre todo, el Magusto es un acontecimiento social. Es típico que las distintas asociaciones deportivas y culturales que dan vida a los pueblos preparen su barraca para asar castañas, e inviten al resto de los habitantes del lugar a pasarse por su caseta a tomar castañas, vino o alguna otra cosa. Mientras, siempre buscando el fuego, los coros y danzas van moviéndose de barraca en barraca, animando la noche con canciones tradicionales.

Imágenes | Zentolos @ Flickr

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