Los Restauradores de Portugal

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En muchas ciudades y pueblos de Portugal, por no decir en todas, puedes encontrar alguna referencia dedicada a los Restauradores. Sin ir más lejos, la de Restauradores es una principales de las plazas (y estaciones de metro) de Lisboa. Pero, ¿quiénes son los Restauradores? Y no, no tiene nada que ver con estos tipos.

Para tener la respuesta, tenemos que remontarnos algo en el tiempo. Concretamente, un poco más de cuatro siglos; casi nada. Corría el año 1578 cuando el entonces Rey de Portugal, Sebastián, muere sin herederos. Inevitablemente, como cada vez que hay una jugosa herencia en juego, hay una espectacular carrera para ver quien consigue sentar sus (reales) posaderas en el trono.

Al principio, la corona recayó en Enrique, un cardenal de la Iglesia, aunque su muerte prematura apenas le permitió reinar dos años. Atento a los acontecimientos, el monarca español, Felipe II, no quiso perder la oportunidad de convertirse en Leornardo Dicaprio y ser el primero en gritar que era el rey del Mundo. Por si no lo sabéis, en ese momento Portugal poseía Brasil, además de muchos territorios en África y Asia, y era la corona española controlaba la otra mitad del pastel.

Felipe, aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid (y que estaba casado con María, una princesa portuguesa), hizo valer sus derechos al trono y se convirtió en rey de los portugueses. No hay que olvidar que en aquella época, “valer los derechos al trono” significaba adelantarse a que la elección fuera hecha por las Cortes e invadir militarmente Portugal.

Aunque algunos intentaron resistirse, al final, en 1581, las Cortes de Tomar aceptaban la integración de Portugal en la Corona Española. La Unión Ibérica estaba sellada. El país luso se había convertido en una provincia española de facto: el rey era Felipe, pero el poder lo ostentaba un virrey o gobernador, que no era portugués, sino castellano, como en el resto de territorios españoles ocupados.

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El invento funcionó más o menos hasta 1640, ya bajo el reinado de Felipe IV, quien, en general, fue un rey bastante mediocre. Empezaba a ser patente que los impuestos servían para pagar las campañas militares españolas, que los cargos de poder estaban ocupados por nobles españoles, el comercio había disminuido en beneficio de los barcos españoles (aunque también de los ingleses y los holandeses), y Portugal en general estaba empobreciéndose.

Conocedores de la situación y muchos personalmente afectados por ella, un grupo de nobles (“Los Cuarenta Conjurados”) decide conspirar para revelarse contra el poder español. En aquel momento, todos los portugueses estaban un poco hartos; ya hubo algunos intentos de revuelta en 1627, 1634 y 1637, que no tuvieron el éxito esperado. Por eso, una vez asegurado el apoyo del clero y del pueblo, continuaron adelante.

Los conspiradores eligen como sucesor (si triunfa la revolución) al duque de Braganza, cuya familia ya fue candidata al trono en 1580. Y calculan fríamente los movimientos: Felipe IV estaba afrontando guerras y revueltas en Francia y Holanda, además de la sublevación de Cataluña. Los conjurados sabían que mantener el esfuerzo en cuatro territorios le sería muy difícil y, sobre todo, caro.

Además, fueron listos: eligieron como “día D” el primer día de diciembre de 1640, aprovechando que mucha gente había vuelto a España para pasar las Navidades. Ese día, un grupo de hombres armados entró en el Palacio Real (hoy el Terreiro do Paço lisboeta), mataron al secretario de Estado y secuestraron a la gobernadora, la duquesa de Mantua.

A partir de este momento los acontecimientos se precipitan. El pueblo de Lisboa se concentró a las puertas de palacio y, a petición de la gobernadora, la guarnición española en el palacio se rindió. Es entonces cuando los organizadores proclaman como Rey de Portugal al duque de Braganza, ahora Juan IV.

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Después de varios intentos fallidos, esta sublevación fue la que consiguió triunfar. Los portugueses cerraron filas y apoyaron a su nuevo rey, haciendo un gran esfuerzo para rechazar los ataques del Ejército español. Finalmente, tras una guerra (la Guerra de la Restauración) que duraría veinticinco años más, y en la que España se comió los mocos, Portugal consiguió otra vez su independencia.

Hoy, 1 de diciembre, se recuerda en Portugal a aquellos Cuarenta Conjurados que trabajaron juntos para restituir la corona y la independencia portuguesa. Hoy, como un 2 de Mayo en Madrid, se conmemora el esfuerzo de unos cuantos que prendieron la mecha de una revolución. Ellos son los Restauradores de Portugal. 

Imágenes |
  1. Philip Sheldrake 
  2. Trasamundo (Wikimedia) 
  3. Proclamación de Juan IV, de Veloso Salgado (tomada por Lumastan) + Muerte de Miguel Vasconcelos, de Antonio Fernández (tomada por Darwinius)

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