Mis días de voluntario europeo en Estonia (I)

Tartu Estonia City Hall Main Square University Old Cathedral
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Os contaba hace poco mi experiencia buscando una plaza en el Servicio Voluntario Europeo. Conseguir uno que me gustara costó unos meses. De repente, una vez que ya tenía el que me interesaba, apareció este EVS en Estonia. Fueron los amigos de Europa Joven Madrid quienes me pusieron tras la pista del proyecto.

Envié mi CV y mi carta de motivación al minuto. Al día siguiente me respondieron. No pensaba que fuera a ser tan pronto, pero... ¡me habían seleccionado! Era una oportunidad que no iba a rechazar, así que sin pensarlo nada, cogí un avión y me planté en Tartu. Esta ciudad, la segunda más del país después de la capital, Tallín, y conocida por su famosa Universidad, iba a ser mi casa durante los siguientes 30 días.

Allí llegué casi sin darme cuenta, una mañana lluviosa de finales de mayo. Aún estoy preguntándome cómo ocurrió, pero la cosa es que pasó. Dos semanas antes de ir, ni siquiera sabía lo que me deparaba el futuro. Y ahora acababa de aterrizar en un país lejano y del que no sabía demasiado.

El proyecto donde iba a trabajar se llamaba PAPER, un acrónimo de “Planear, Analizar, Preparar, Evaluar y Repetir (por vida)”. Era un voluntariado europeo de corta duración sobre educación, que en este caso tendría una duración de un mes. Todo el tinglado estaba organizado por la ONG Öökull (que significa búho en estonio), que, entre otras cosas, se encargaba de gestionar algunos centros infantiles y juveniles en Tartu.


Estonia Vana-Kuuste Nature Clouds Sky Blue Green

Tendría cuatro compañeros a mi lado en este proyecto: Sara y Adriana, de Portugal, y Grega y Ziga, de Eslovenia. Todos juntos vivíamos en una de las pocas casas, en mitad de la pradera, que conformaban la población de Vana-Kuuste, a unos 20 kilómetros del centro de Tartu.

Desde allí íbamos todos los días a nuestro trabajo, en alguno de los proyectos que tenía nuestra Organización de Acogida. La primera parte del mes estuvimos en el centro infantil (Lastekeskus) que nuestra organización de acogida tenía en el barrio de Annelinn, uno de los más complicados de Tartu. Y la segunda quincena, en un campo de trabajo que se organizaba en otra población cercana, Kambja.

Justo antes de llegar, nuestra coordinadora nos preguntó si queríamos ser voluntarios también en un festival cultural que se celebraría en la ciudad de Viljandi (para muchos, la ciudad más bonita de Estonia). Todos aceptamos la idea de ser un poco “meta”: voluntarios de un proyecto siendo además voluntarios en otro.

Lastekeskus Annelinn Tartu Estonia

Nuestro trabajo en el centro infantil fue bastante fácil y entretenido. De hecho, tengo la sensación de que casi no hice nada allí. Aunque pensándolo, me doy cuenta de que trabajamos bastante. Por ejemplo, preparamos la decoración y ayudamos con el catering del Festival de la Primavera, la fiesta de clausura del curso. Y como el centro iba a cerrar por las vacaciones de verano, también hicimos algo de limpieza y algunas reparaciones.

También jugamos con los niños, incluso sin saber prácticamente nada de estonio ni de ruso (muy hablado en este barrio). Aunque aquí tuvimos mucha ayuda y paciencia de los trabajadores del centro y de una de nuestras mentoras, Agnieszka. Incluso preparamos alguna actividad para ellos, como un juego de pistas por las calles de su barrio.

Casi sin darnos cuenta ya estábamos camino de Viljandi. Aquí sí que “arrimé el hombro”: durante cuatro días trabajamos en el escuadrón de limpieza de las Jornadas Hanseáticas, un festival cultural que reúne a diferentes poblaciones que comparten haber sido visitadas o fundadas por esa comunidad de mercaderes.

Viljandi Estonia Volunteering Hanseatic Days

Entre que los turnos eran una porquería y que hacíamos tareas que extralimitaban nuestras funciones (nosotros no debíamos hacer el trabajo de una persona contratada), se hizo un poco cuesta arriba. Además, nos encontramos con que todas las indicaciones, horarios, contratos..., estaban disponibles sólo en estonio. Por mucho que nuestro amigo Ragnar hiciera por ayudarnos, siempre nos perdíamos alguna cosa.

Tras un día libre para reponernos, volvimos al trabajo para afrontar la última parte de nuestra estancia. Ahora trabajaríamos en Kambja, donde había un campo de trabajo para adolescentes. Ellos trabajaban por la mañana en una fábrica o como jardineros en el cementerio municipal, y por la tarde nosotros organizábamos actividades y juegos para ellos.

Empezamos con el pie izquierdo. Nuestro grupo no funcionaba bien y creo que Kambja fue el punto de inflexión. Después de vivir, trabajar, compartir todo en casa, pasar por algunas situaciones desagradables en Viljandi..., durante tanto tiempo y viniendo cada uno “de su padre y de su madre”, algo tenía que romperse por algún sitio. Y fue en el peor momento posible: cuando tuvimos que dar un poco más de nosotros.

Kambja Tartu Estonia Volunteering Work and Rest Camp

Unido a ésto, y no sé si como causa o como consecuencia, hubo malentendidos y problemas de comunicación entre nuestra jefa, y el resto de nuestro grupo. Ellos no explicaron bien nuestra función dentro del campo de trabajo, nosotros no preguntamos más, y otra vez tuvimos que hacer cosas que extralimitaban nuestras tareas y horarios “oficiales”.

Finalmente, cerramos más o menos la herida (con una tarta de la paz) y conseguimos acabar bien nuestro trabajo. Improvisamos una tarde de torneos, y organizamos juegos cooperativos y más juegos de pistas. Hicimos una presentación sobre nuestros países, comentando de donde venimos y los aspectos más conocidos e importantes que nos caracterizan.

También preparamos algunos platos típicos de nuestros lugares de origen, en lo que yo llamo “cocina de supervivencia”. Por ejemplo, yo preparé una paella para 40 personas, con los ingredientes que había (faltan cosas que sólo hay en España) y los utensilios que encontré por allí (la cocina no estaba lo suficientemente equipada).

Después de lo que sucedió, todo acabó bien: el arroz estaba comestible, aunque le faltaba algo de sal. Además, en toda mi estancia en Tartu, y especialmente en lo que viví en Kambja, aprendí algunas lecciones que aún me estoy aplicando:


Pero eso fue solo la parte “laboral”. Para mí, si algo hicimos durante aquellos días, aparte de trabajar, fue conocer el país en el que estábamos viviendo durante ese mes. Y eso lo puedes leer aquí: mis días de voluntario europeo en Estonia (II).

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