Vivo en el extranjero y he podido votar

Como ya sabéis, estoy viviendo fuera de España durante este curso. No me perdería votar por nada, y mucho menos en esta ocasión que esta todo tan ajustado. Ésta es la historia de lo que he tenido que hacer para poder votar.

Despues de doce meses hablando de ello(s), termina de una vez el gran año electoral español, y lo hace a lo grande. Durante este año se han elegido nuevos representantes públicos en la mayoría de regiones, en todos los Ayuntamientos, y ahora en las Cortes y el Gobierno. Pero en todas ellas se ha cometido un error muy importante.

Cada año más y mas españoles salen del país para buscar un (mejor) futuro fuera de nuestras fronteras. En la mudanza se dejan atrás muchas cosas: familia, amigos, nuestro entorno.... Y desgraciadamente una que debería ser imperdible: el derecho a votar.

Hace unos años, en 2011, una reforma a escondidas de la Ley Electoral, aprobada por los de siempre, modificó el procedimiento para votar desde el extranjero. Desde entonces hay que rogar, y algunos prácticamente suplicar, el derecho al sufragio. Si no lo pides, no puedes votar, mientras que en España no hace falta pedirlo. Y aún pidiéndolo, es posible que no te lo concedan.

El colectivo Marea Granate calcula que casi el 90% de los españoles censados en el extranjero se han quedado sin votar. Los motivos son diversos: puede que no estén registrados, que no se les haya concedido el voto, o que, simplemente, éste no haya llegado a tiempo a la mesa electoral.

Afortunadamente, ese no es mi caso. En las dos veces que he tenido que rogar mi voto desde el extranjero me ha sido "concedido" el derecho y el voto ha sido enviado dentro del plazo marcado. Aunque eso no significa que no haya trabas, especialmente en esta última ocasión.

La solicitud del voto, al menos para los considerados "residentes no temporales en el extranjero" como yo, no se puede hacer por Internet. Hay que acudir obligatoriamente a un Consulado, que en mi caso está en Oporto, a 90 kilómetros. Puede parecer lejos, pero la realidad es que he tenido suerte otra vez: en otros países podría tener que haber recorrido cientos e incluso miles de kilómetros para realizar este procedimiento.


Después, hay que solicitarlo dentro del plazo: una vez convocadas las elecciones y, en este caso, hasta 20 días antes. Si no puedes ir a tu Consulado más cercano en esas fechas no puedes votar. Además, tienes que pagar por tu desplazamiento hasta el Consulado; en mi caso pagué 14 euros por la excursión a Oporto. Y suerte (otra vez) que me dieron la mañana libre en mi trabajo, porque el Consulado no abre los fines de semana.

Luego, hay que esperar que todo vaya bien en Madrid, acepten tu solicitud y te envíen toda la documentación necesaria para votar: sobres, papeletas e inscripción en el censo. Justo cuando pensaba que esta vez no podría votar, el sobre llego. Aquí llega la otra parte del asunto: votar y enviarlo a tu mesa electoral. Y una vez más, vuelves a ser tu quién tienes que pagar: esta vez el envío certificado.

Se supone que el Estado tiene que devolverte ese dinero, pero aún no he tenido noticias de lo que tuve que pagar para votar en las Europeas de 2014. Además de ser complicado votar desde el extranjero, por lo menos siendo "no residente", puede salirte caro.

En caso de que estés registrado como residente en el extranjero (con todas las de la Ley),  el procedimiento es distinto. Puedes votar en tu Consulado, que hace las veces de colegio electoral, y además votar por correo. Pero también hay problemas y trabas para el registro de los votantes. Lo quisieron hacer difícil y lo consiguieron.

Espero que dentro de cuatro años, si coincide que vuelvo a estar fuera de España el día de los comicios (y no me importaría), la situación haya cambiado y todos tengamos más facilidades.

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