Pronoia: el mundo conspira para nosotros

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¿Cuántas veces hemos pensado "qué es lo pasa hoy que todo me está saliendo mal"? Seguramente algunas, ¿verdad? Solemos volvernos un poco paranoicos cuando nuestra vida se tuerce un poco. Haciendo ésto, olvidamos las pequeñas cosas que nos hacen sonreír, que son muchas más que las que nos deprimen.

El mundo no trabaja para que nuestro día vaya mal. Al contrario: deberíamos darnos cuenta de que, cada día, hay una secreta conspiración internacional que persigue ayudar a cada uno de nosotros. A eso se le llama "pronoia". Si lo preferís, la pronoia es la sensación de que el azar está establecido para beneficiar a la gente, sin que ella se dé cuenta.

Conchi y Lisa, que igual ya conocéis de mi viaje a Coimbra, decidieron organizar un día donde el objetivo era hacer sonreír a la gente y, así, ayudarla un poco. Con mucho trabajo, montaron un 'Día de la Pronoia', e invitaron a otros voluntarios europeos en Portugal a compartir esta pequeña conspiración de felicidad con ellas. Así que el otro día nos juntamos en Coimbra unos cuantos amigos: Manon y Eda, de Viseu; Ewa y Niclas, de Amarante; Klara y Stanislava, de Lisboa; y yo, claro.


Para hacer sonreír a la gente teníamos varias estrategias. Para empezar, tenemos que sonreír nosotros. Parece una tontería, pero es muy importante. Y después, dar lo mejor que tuviéramos, nuestra arma más constructiva. Podían ser simplemente unas palabras de apoyo o de ánimo, nuestro buen humor, la simpatía que nos caracteriza... O dar algo de amor a quien lo necesita.

El 'Día de la Pronoia' estaba organizado en dos partes. Por la mañana nos reencontramos todos en la Asociación de Paralíticos Cerebrales de Coimbra -APCC-, donde Conchi y Lisa son voluntarias. Alli preparamos nuestro trabajo para la tarde: cartas de amor y/o de motivación (aunque siempre hay amor cuando queremos motivar a alguien), frases inspiradoras, carteles "coge lo que necesites" con distintos sentimientos positivos, corazones y muchas palabras bonitas. Todo para levantar el día a cualquiera.

Sin salir de la APCC, continuamos la jornada llevando café, té y galletas a los trabajadores y los asistentes al centro de día. Profesores, alumnos, padres, terapeutas, psicólogos, trabajadores sociales, cocineras, administrativos, cualquier persona que pasara por allí... hasta el guardia de seguridad nos "pagó" el café con una amplia sonrisa. Era una cosa distinta dentro de la rutina del centro.


Después de comer, cogimos todo lo que habíamos preparado, más un rollo de cinta adhesiva, y comenzamos a pegar nuestros pensamientos positivos. Primero por la APCC y después por la baixa de Coimbra, el centro de la ciudad. En el centro también hicimos la otra parte del plan que Conchi y Lisa habían preparado: regalar abrazos.

Puede parecer fácil, pero tiene mucha miga. No todo el mundo está dispuesto a dejarse abrazar con un desconocido. Hay que buscar a la gente con los brazos abiertos y darles a entender la confianza que tienes en él, y que ellos pueden confiar en ti. La mayoría, cuando les preguntas si quieren un abrazo, te dicen, muy serios, que no, como me respondieron un grupo de chicas jóvenes. Pero, por cada uno que decía que no, había dos o tres que te abrazaban (hasta un policía de servicio) y seguían su camino con una gran sonrisa.

Mientras unos repartían abrazos, otros íbamos pegando nuestros carteles, escondiendo pequeñas sorpresas en expositores y maceteros, o entregando cartas de amor a quien quisiéramos. Seguí la pista a una de estas cartas, que había sido entregada a una castañera, mayor, que tenía su puesto en la plaza donde está el Ayuntamiento. Después de leerla, prometió dársela a la siguiente persona que comprara en su puesto. Y lo hizo.


Después de hablar con unos periodistas de los medios locales que se habían interesado por nuestra historia, dimos por terminado el día. Aunque seguimos repartiendo abrazos a la persona que quisiera en el camino a la Universidad y a casa. Allí, para celebrar que estábamos juntos, atacamos una cena preparada por todos y para todos, con un plato típico de cada uno de los países de los voluntarios que estábamos allí: Dinamarca, Polonia, Alemania, Turquía, Bélgica, Bulgaria y, por supuesto, España.

A la hora de dormir, sólo podía pensar en lo bien que me había venido el día. Había aprendido, sobre todo con la dulzura, la generosidad y el amor de los trabajadores de la APCC, especialmente de las maestras y asistentas que estaban en la escuela primaria. Había sonreído; en realidad, no había dejado de sonreír durante todo el día, con los reencuentros, los abrazos, las bromas y el buen rato que pasamos todos. Había compartido lo que tenía, y espero que a alguna persona le cambiara un poco el día.

Quizá me hacía falta volver a creer que el mundo está trabajando para que todo me vaya bien, y no al revés. Gracias.



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Pronoia: the world conspires to us


How many times have we thought "what is happening lately that everything is going me wrong"? Surely some, right? We tend to become a little paranoid when our life is twisted a little. By doing this, we forget the little things that make us smile, which are many more than that ones which depress us.

The world does not work for make our day goes a nightmare. We should realize that every day, there is a secret international conspiracy that aims to help each of us. This is called "pronoia". If you prefer, the pronoia is the feeling that destiny is set to benefit the people, without them noticing.

Conchi and Lisa, who already you may know from my trip to Coimbra, decided to organize a day where the goal was to make people smile and, thus, help them a little. With hard work, they mounted a 'Pronoia Day', and invited other European Volunteers in Portugal to share this little conspiracy of happiness with them. So, finally we met there Manon and Eda, from Viseu; Ewa and Niclas, from Amarante; Klara and Stanislava, from Lisbon; and me, of course.


To make people smile we have several strategies. To start, we have to smile. It seems silly, but it's very important. And then, we had to give our best, most constructive weapon. It could simply be a word of support or encouragement, our good mood, the sympathy that characterizes ourselves... Or give some love to those in need.

The 'Pronoia Day' was divided in two parts. In the morning, we all meet the at Cerebral Palsy Association of Coimbra -APCC- where Conchi and Lisa are volunteers. There, we prepare our work for the afternoon: love and/or motivation letters (although there is always love when we want to motivate someone), inspirational phrases, "take what you need" posters filled with positive feelings, hearts and many nice words. All to raise anyone's day.

Without leaving the APCC, we continue our day carrying coffee, tea and biscuits to all the workers and those attending the day center. Teachers, students, parents, therapists, psychologists, social workers, cooks, administratives, anyone who passed through there ... even the security guard "paid" us the coffee with a smile. It was a different thing within the routine of the center.


After lunch, we took everything we had prepared in the morning, plus a roll of adhesive tape and we started to post our positive thoughts. First by the APCC, and then to Coimbra Baixa, the city center. There, we also did the other part of the plan which Conchi and Lisa had prepared: to give away hugs.

It may sound easy, but it's not. Not everyone is willing to hug with a stranger. We must find people with our arms open, and make them understand that you have confidence in him, and that they can trust you. Most, when you ask them if they want a hug, they say, very serious, no, as a group of young girls answer me. But for everyone who said no, there were two or three who embraced you (even a police officer in service) and went on their way with a big smile.

While some distributed hugs, others were pasting our posters, hiding little surprises in pots and exhibitors, or delivering love letters to whoever wanted. I just tracked down one of them, which had been given to a chestnut seller, who were very older, which had its place in the square where the town hall is. After reading it, he promised to give it to the next person who bought his post. And she did.


After talking to journalists from the local media, we finish a day. While were making our way back, we continue distributing hugs to the person who wanted. There, the volunteers' house, to celebrate that we were together, we enjoyed a dinner prepared by all and for all, with typical dishes from each of the countries of the volunteers who were there: Denmark, Poland, Germany, Turkey, Belgium, Bulgaria and of course, Spain.

At bedtime, I could only think of how well it had been my day. I had learned, with the sweetness, generosity and love of APCC workers, especially the teachers and assistants who were in elementary school. I had smiled; in fact, I had not stopped smiling in the whole day, with reunions, hugs, jokes and the good time we all spent there. I had shared what I had, and I hope that I get to change someone's day.

Perhaps I needed to believe again that everybody is working to make everything go well, rather than the reverse. Thank you.

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