207


There is an English version of this article here.
No ha cambiado nada. 
Ha cambiado todo. 
Por lo menos, el cielo sigue siendo azul, creo. Supongo que tras las nubes seguirá siendo azul.

Está lloviendo. Está lloviendo como siempre llueve aquí: fino, pero a manta. Esta noche, el pequeño quiosco de la plaza parece un buen lugar para esperar el autobús. Antes había marquesinas y parapetos, pero unas obras los han borrado del lugar. Está todo patas arriba por un futuro mejor, dicen. No sé si será verdad. Ahora todo está más desmejorado, aunque no tengo claro si alguna vez todo fue “mejor”. 

El tejadillo es tan pequeño que la lluvia moja igual. Te digo que, la última vez que estuve aquí, vi uno de los amaneceres más bonitos que he visto nunca. No era el primero, y tampoco sería el último. El sol saliendo sobre un río que, más que un río, parecía un mar. Las nubes se iluminaban como esa visión celestial de Dios en los libros de religión. Sólo se oía el rumor de las olas, las sirenas de los barcos y el graznido de las gaviotas. Adoraba sentarme, tranquilo, a contemplar ese mágico momento, cuando el pasado es todavía presente y el futuro aún no está escrito. 

Hoy, aún queda mucho para que amanezca. Por eso la plaza está llena. Todas esperan por lo mismo: salir de aquí. Como si quisieran huir, asustados, aguardan a un autobús amarillo que les lleve a su mundo de fantasía. Hay cientos, como tú y como yo, agrupados en pandillas, parejas y pares desparejados. La mayoría se entienden a voz en grito, sordos por no querer oír. Otros callan, por un silencio que vale más que mil palabras. Los que menos, mezclan y confunden sus lenguas. A carcajadas, se cuentan por decenas las caras de sueño y de hastío. Pero aún se ven caras sonrientes. Como la tuya.

Todos se excitan; es la hora H. Los autobuses amarillos comienzan a caminar sobre el asfalto. Tú no sueltas la mano que has cogido al bajar por las resbaladizas calles. “¿Vendrás algún día a conocer el mundo de los locos?”, susurras, queriéndote esconder del barullo. “Depende. Si tus ideas salvajes me llevan...”, pensé. “I love you”, le conté al oído. Porque en inglés todo sueña mejor que en castellano.

Cuando el pasado era todavía presente, sellamos el trato con un abrazo. Largo y fuerte. Como si ya supiéramos lo que pasaría. Estuvimos así hasta que salió corriendo. El autobús la esperaba. El mismo número en el que yo subía cada noche. La vida la llamaba, otra vez. Me entristeció despedirme, como me entristece todo lo que se queda aquí. 

 “Tenías razón”, dije, “tenías toda la razón del mundo...” Mientras movía su mano tras el cristal, ella sonreía. Y esa sonrisa la delataba. Había soñado con la fantasía de volverte a ver demasiadas noches. Había corrido el mundo en dirección opuesta para encontrarte al otro lado. Pero cuando te tuve delante, sólo pude darte la razón. Por eso, cuando el futuro se escribió, pensé que lo único bueno de salir, corriendo, hace años, fue volver.

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Nothing has changed.
Everything has changed.
At least, the sky is still blue, I guess. Behind the clouds, the sky will still be blue.

It's raining. It is raining as it always rains here: thin, but heavy. Tonight, the little kiosk in the plaza looks like the best place to wait for the bus. Before, there were canopies and parapets, but some works have moved them out of the place. Everything is upside down for a better future, they say. I do not know if it's true. Now everything is different, although I'm not sure if everything was ever better someday.

The roof is so small that the rain gets you wet. I tell you that the last time I was here, I saw one of the most beautiful sunrises I've ever seen. It was not the first, and it would not be the last. The sun rising on a river that, more than a river, looked like a sea. The clouds were lit up, like that heavenly vision of God in the books of religion. There was only the sound of the waves, the sirens of ships, and the sound of gulls. I loved to sit there quietly, to contemplate that magical moment, when the past is still present and the future is not yet written.

Today, there is still much to dawn. That's why the square is crowded. All of them wait for the same reason: to get out of here. As if they wanted to run away scared, they wait for a yellow bus to take them to their fantasy world. There are hundreds, like you and me, grouped into gangs, pairs, and unpaired pairs. Most shout to be understood, maybe because they are still deaf, maybe because they don't want to listen. Others remain silent, expressing something that worth a thousand words. The least, mix and confuse their tongues. The faces of sleepness and boredom are counted by tens. But some of them are still smiling. Like yours.

Everyone gets excited; it's time. Yellow buses start walking over the asphalt. You don't let go of the hand you've taken going down the slippery streets. "Will you ever come to know the world of the 'outofminders'?", you whisper, like wanting to hide yourself from the hubbub. "It depends. If your wild ideas lead me there... ", I thought. "Te quiero," I answered softly in your ear. Because in Spanish everything dreams better than in English.

When the past was still present, we sealed the deal with a hug. Long and strong. As if we knew what would happen after. We stayed like this until she ran away: the bus was waiting for her. The same number I used to travel every night. Life called her, again. I was saddened to say goodbye, as everything that stays here makes me sad.

"You were right," I said, "you had all the reason in the world..." As she waved her hand behind the glass, she smiled. And that smile betrayed her. I had dreamed of the fantasy of seeing you too many nights. I had ran the world in the opposite direction, to find you on the other side. But when I stood before you, I understood you were right. So, when the future was written, I thought that the only good thing about going away, running, years ago, was to come back.

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