El último hombre en la Luna / The last man on the Moon


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El último hombre en la Luna no sabía que era el último. Si, pudo pensar que era el último de muchos. Pudo pensar que era el último hasta ese momento. Pero nunca que ninguna otra persona, hasta el momento, pisaría ese terreno baldío de color gris.

Como le pasó al último hombre en la Luna, todo son consejos al marcharse: cómo irse, cómo sobrevivir, cómo echar de menos, cómo sobrevivir... Al final, con tanto aviso, un astronauta experimentado puede un poco harto: él sólo quería volar.

Cuando el último hombre en la luna volvió a casa, no tuvo tantos consejos. Después de las fotos, de los apretones de manos y de los abrazos enfrente de las cámaras, no había nada. Volver a lo que estabas haciendo antes o probar algo nuevo.

Nadie dijo nunca que regresar fuera fácil. De hecho, no he oído hablar a nadie de la vuelta a casa. Ni siquiera al último hombre en la Luna.

No soy el último hombre en la Luna. Ni mucho menos. Soy Jorge. Y me he encontrado volviendo a la tierra de un viaje que me ha cambiado física y mentalmente. Especialmente en lo último. Pero sí he sentido que detrás de la bienvenida, detrás de las ilusiones que me hacían más fácil volver, no había nada. No en el mejor sentido de la palabra.


Cuando llegué no sabía lo que iba a pasar. Y eso, para un aventurero como yo, me parece lo mejor. Cada día mi corazón se podía acelerar con la excitación de algo nuevo que estaba por venir. Pero sólo al principio: después, todo se volvió un poco monótono y, por momentos, incómodo.

Ahora que ya me he acostumbrado a la "gravedad", veo que lo que tengo no se parece en nada a lo que esperaba. Porque si, tenía expectativas: lo mejor, y al mismo tiempo, lo peor que se puede tener cuando se empieza una nueva etapa. 

No penséis mal: volver es bueno. Sobre todo por mi familia. Por familia entráis todos los que estáis a mi lado, aquí en Madrid o allí a lo lejos. Vosotros sois quienes me estáis ayudando a caer, como si fueseis un paracaídas gigante. Así me impedisteis estrellarme contra la idea de que regresaba, que es una vuelta a algo que continua igual.

La vida sigue para todos, y lo normal es que todo cambie. En realidad, he vuelto a una realidad donde poco o nada sigue igual. Así que he dejado de intentar hacerme hueco en la vida que un día dejé atrás. Ni siquiera tengo claro que quiera hacer otro hueco. Tengo esa sensación de que todo está en el aire, y yo estoy aquí abajo.

En los últimos días veo que se abren dos caminos. Quedarse y seguir el juego aquí, meter mi trasero en el poco espacio que hay. O marcharme y explorar la vida que se me ofrece, ahora que la veo tan clara. Ambas opciones son igual de difíciles, por distintas razones. Así que no voy a mentir: pienso demasiado en volverme a ir. Pienso demasiado en volver a volar.


Al último hombre en la Luna le encantaba volar. Como a mí. Pocas cosas hay que me gusten tanto como sentir el aire en la cara, sentir que soy libre, sentir que puedo llegar cada día un poco más lejos. Pocas cosas hay que me gusten tanto como estar cómodo. Y eso es lo que me trae la felicidad.

No sé porqué, creo que los dos nos hemos acompañado en el mismo sentimiento. Quizá, como yo, el último hombre en la Luna también se sintió descontento después de haber subido tan alto y volver a poner los pies en la tierra.

El lado bueno de la historia es que siempre puedo irme otra vez. Hoy la cuenta atrás parece muy atractiva; dudo si pulsar el botón de ignición del cohete. Si lo hago, puedo llegar tan lejos como a la Luna. Y hacer que el último hombre sobre ella deje de serlo.


[Por cierto, el último hombre sobre la Luna, quien me dio la idea para escribir esta entrada, se llama Eugene Cernan. Fue el comandante de la misión Apolo 17, la última tripulada que alcanzó nuestro satélite, y emprendió su última aventura en enero de 2017. Podéis saber más sobre él aquí.]

Fotografías | Archivo histórico de la NASA


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The last man on the Moon

The last man on the Moon didn't know he was the last. Yes, he could think that he was the last of many, or the last until that moment. But never that any other person, so far, would step their feet in that gray dusty land again.

As it happened to the last man on the Moon, it's all advice when you are leaving: how to travel, how to survive, how to miss (someone or something), how to survive ... In the end, you can end up a little fed up with so much warning; You just want to start once and for all.

When the last man on the moon returned home, he had no such advice. After the photos, the handshakes and the hugs in front of the cameras, there was nothing. Go back to what you were doing before or try something new.

No one ever said that going back was easy. In fact, I have not heard anyone on the way home saying so. Not even the last man on the moon.

I'm not the last man on the moon. I am just Jorge. And I have found myself returning to my homeland after a journey that has changed me physically and mentally. Especially mentally. But I did feel too that, behind the welcome, behind the illusions that made easier for me to come back, there was nothing. Not in the best sense of the word.


When I arrived I didn't know what was going to happen. And that, for an adventurer like me, seems the best. Each day my heart accelerated with the excitement of something new to come. But only at the beginning: afterwards, everything became a little monotonous and, at times, uncomfortable.

Now that I have become accustomed to this "gravity", I can see that I don't have anything of all the things that I was expecting. Because yes, I had expectations, which are the best, and at the same time, the worst things you can have when you start a new stage.

Don't take me wrong: returning is good. Especially because of my family. And by family I mean all of who are with me, here in Madrid or there in the distance. You are the ones who are helping me to fall, as if you were a giant parachute. That way you prevented me from crashing against my idea of returning, which was to come back to something that remains the same, unchanged.

Life goes on for everyone, so change is something normal. This is what I had to realize: I have returned to a space where little or nothing remains the same. So I've stopped trying to make room for myself in the life I once left behind. I don't even think about making another hole for myself. I have a feeling which tells me that everything is in the air, and I'm down here.

In recent days I see that two paths open in front of me. I can stay and play, the game, here, get my butt in the little space there is. Or go away and explore the life that is offered to me, now that I see it so clear. Both options are just as difficult, for different reasons. So I'm not going to lie: I think too much about going back. I think too much about flying again.


The last man on the moon loved to fly. Like me. There are few things I love more than feel the air in my face, feel that I am free, feel that I can go, every day, a little further. There are few things I love more than being comfortable. And that's what brings me happiness.

I do not know why, I think we've both been in the same mood. Perhaps, like me, the last man on the Moon also felt discontent after having climbed so high and put his feet back on the ground.

The good side of the story is that I can always start again. Today, the countdown seems very attractive; I doubt whether hit the ignition button of the rocket. If I do, I can get as far as the Moon. And make the last man on it cease to be.

[By the way, the last man on the Moon, who gave me the topic for this entrance, is called Eugene Cernan. He was the commander of the Apollo 17 mission, the last one which reached our satellite, and undertook his last adventure in January 2017. You can learn more about him here.]

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